La experiencia tuvo lugar en el aula del segundo año del segundo ciclo de Educación Infantil, a las 11:30, en un momento de transición de la asamblea hacia una actividad de pintura.
Participaron una alumna de prácticas (P), de 24 años, la tutora (T), de 37 años, y tres alumnos (A) de 3 años.
P comenzó a distribuir materiales para la actividad pidiendo paciencia, pero A se negaba a colaborar. Uno de ellos no quería sentarse y comenzó a jugar con bloques, y segundos después, los otros dos lo imitaron. P les pidió, de forma verbal y calmada, que dejaran los bloques para comenzar la actividad. Sin embargo, el primero en desobedecer anteriormente respondió: “no quiero, si no me dejas jugar, no voy a hacerte caso”. P intentó negociar diciendo: “Si guardamos los bloques ahora, podrás jugar con ellos después de la pintura”. Ante la negativa del mismo, P levantó la voz y dijo: “Por favor, deja los legos y ponte en la mesa para empezar la actividad, sabes que T nos la ha encargado a nosotros y si no colaboras tendré que decírselo”. A, desafiante, apartó la mirada y no obedeció. T, quien estaba observando, intervino diciendo: “Creo que hay un problema, Vamos a buscar una solución. A, ¿quieres pintar con un pincel o con los dedos?”. Entonces, A, intrigado, eligió los dedos y accedió a guardar los bloques para ir a hacer la actividad.
T explicó después a P que las amenazas no generan cooperación y que aunque, a veces son necesarias, hay que intentar evitarlas. En cambio, la negociación, cuando incluye elecciones claras y atractivas, suele fomentar la participación. Como señala Villa (2016), “la negociación es la mejor herramienta para legitimarse y ganar a largo plazo. La negociación consiste en el acercamiento de dos partes opuestas, hasta que alcanzan una posición aceptable para ambas” (p. 3).
REFERENCIAS
Villa, J.P. (2016). Manual de negociación y resolución de conflictos. Profit Editorial.