miércoles, 23 de octubre de 2024

UN CUENTO, VEINTICUATRO NIÑOS Y UNA MAESTRA

 


Entren y lean esta fascinante historia sobre la diferencia entre castigo y consecuencia.



Nos situamos en el momento de la asamblea, está el grupo de veinticuatro niños de entre tres y cuatro años ubicándose en el espacio y la maestra sentada en una de las sillas con un cuento en la mano. Segundos después, la maestra pide silencio y yo me recoloco entre varios niños que no siguen la dinámica, es decir, no guardan silencio, tampoco prestan atención y se mueven constantemente.


Pasan dos o tres minutos y no se consigue ningún cambio en la conducta de la clase. Parece ser que en el día de hoy el grupo está bastante más activo y se han formado varios corrillos que alzan la voz y deciden interactuar entre ellos, propiciando que los que sí están interesados en empezar la asamblea también pierdan las ganas.


La maestra intenta llamar la atención enseñando el libro, empezando a leerlo, moviéndose por el espacio, sentándose en el piso y dejando la silla de lado, e incluso, pidiendo a ciertos niños que se sentasen con o al lado de ella o de mí. Pero ninguna de estas estrategias tuvo éxito.


Durante estos estresantes minutos, la maestra nunca perdió la calma, tratando de hacerles entender que esos comportamientos molestaban a los demás, aunque no atendieran a sus peticiones. Finalmente, decidió no leer el libro. Cuando comentó esto muchos se sorprendieron y pidieron que lo leyese. Sin embargo, no cedió en su decisión porque fue tomada pensando en una consecuencia y como un aprendizaje, no como un castigo.



martes, 22 de octubre de 2024

UNA NIÑA Y UN JUGUETE

 



Entren y lean esta fascinante historia sobre juguetes en las aulas.


Era un martes a la hora del recreo, cuando nos dimos cuenta que una niña de nuestra clase estaba paseándose por el patio con una gran varita “mágica”. Fuimos directamente a la carga y se le preguntó si recordaba las reglas o normas de la junta del colegio. Ella, conocedora de esta situación y sabiendo que estaba incumpliendo las normas y además, una importante, no dijo ni una palabra, esperando ser absuelta inmediatamente.


Hay que decir que la culpa no es totalmente de ella, sino una cuestión familiar puesto que estas están al tanto de las mismas y se les recuerda sin problema cada vez que ocurre. 


Sin embargo el tema tuvo fácil solución, la maestra, a sabiendas de que esta niña no iba a responder bien ante este estímulo, le pidió la varita de forma firme, casi quitándosela de las manos (para después guardarla en un lugar poco accesible y devolvérsela a la familia) y le explicó los motivos por los que no traemos juguetes personales a la escuela.


Y es que, según Barrera et al (2015);


existe el riesgo de que los juguetes y los juegos puedan presentar peligros ocultos que generan efectos negativos en la personalidad del niño o niña, formándose psicopatologías severas, en relación con comportamientos agresivos, sentimientos de ineficiencia, inseguridad, baja autoestima y sobre todo, de una estresante convivencia. (p. 379)


En definitiva, podemos decir que traer un juguete personal al aula es más dañino que beneficioso. Entre las justificaciones anteriores deberíamos añadir que muchas veces se crea una situación de poder jerárquica, donde el poseedor del juguete se lleva toda la atención, creando una manipulación y desigualdad entre iguales que hace sentir mal a la mayoría de los compañeros. Asimismo, muchas veces los juguetes que traen consigo incitan a la separación de roles de género, perpetuando contextos que no respetan la realidad de las muchas familias que conforman este sistema.


Barrera, L. et al. 2015. Impacto de los juguetes en los procesos formativos de los niños y niñas. Paradojas. Plumilla Educativa, 15(1), 369-393.

https://doi.org/10.30554/plumillaedu.15.849.2015 


lunes, 21 de octubre de 2024

UN NIÑO Y UN ESTADO DE ÁNIMO BAJO


Entren y lean esta fascinante historia sobre un niño con sueño.



Era la hora del recreo y mientras yo observaba a todos los niños posibles, un niño en concreto me observaba a mi. Más concretamente, observaba el banco donde yo estaba sentada y en el cual él se quería acostar. 


Cuando me quise dar cuenta, ya se estaba dirigiendo hacia mi persona, dispuesto a contarme que “hoy estaba muy cansado”. 


Este infante de, todavía, tres años y diez meses, se acercó y con mucho ímpetu se tumbó sobre mi pecho y, a modo de relajación, subía su mano hacía mi oreja y no paraba de tocarme el lóbulo. Era muy evidente que necesitaba un descanso y estaba buscando una zona de confort para hacerlo.



Dio la casualidad de que formaba parte del equipo del día y dentro de exactamente, cinco minutos tenía que ir a por la fruta. Con mucho tacto, se le preguntó si podía hacer el esfuerzo y levantarse e ir a la cocina para traer los platos y el cuchillo, pero su negación fue rotunda. Entonces intervino la maestra para aclararle lo siguiente:


“Si ahora no te encuentras con fuerzas, puedes descansar un ratito aquí o en el colchón del aula. Después, puedes volver a salir al patio y llevarte la fruta ya pelada y cortada para la clase.”


Y allí nos quedamos los dos, sumergidos en una vorágine de sueño que nos atrapó hasta que pudimos comer y recuperar un poco la fuerza, mientras tanto la maestra se encargaba de la comida de media mañana.


Esta anécdota nos recuerda la necesidad de respetar el cansancio mental y corporal de cada niño, atender a sus necesidad, pero sin olvidarnos de responsabilizarle por sus acciones.




jueves, 17 de octubre de 2024

CINCO NIÑOS, CINCO MANTELES Y VEINTICINCO PLATOS Y SERVILLETAS


Entren y lean esta fascinante historia sobre las primeras veces poniendo la mesa.



   Hoy,  la maestra me ha propuesto que me encargue de “el momento de poner las mesas”. ¿Esto qué significa? Pues que veinte minutos antes de la hora del almuerzo, el grupo del día es guiado para poner los manteles, las servilletas y los platos y para ir a buscar el carro de la comida. Se les invita a estos cinco niños a dejar el recreo antes que los demás, que adquieran responsabilidades que afectan tanto a su persona como a su alrededor y a colaborar con sus compañeros y maestra en las áreas propias de este contexto y, que pueden ser extrapoladas al familiar. 


Además, estas actividades tienen un significado importante para ellos: trabajar la cotidianeidad, la rutina, las responsabilidades y el altruismo. Asimismo, si nos ponemos exquisitos, podemos mencionar también, cómo se desarrolla la psicomotricidad fina, el espacio y la lógica-matemática. Para colmo, todos quieren participar, es muy bienvenida por el grupo y crea un ambiente de ayuda y orden bastante satisfactorio. (Sí, estamos hablando en general, ya que los días y las actitudes varían mucho).

Es extremadamente interesante ver cómo funcionan los diferentes grupos durante esta situación. La posición de la “guía” o maestra es meramente indicadora y/o de ayuda, siempre que esta sea requerida. Así, podemos observar cómo se desempeñan estas cinco personas y, basándome en mis (pocas) experiencias he de decir que:

  • Si no les das ninguna pauta, se dispersan (ya que esto es nuevo para ellos, también).

  • Si les ayudas “mucho”, dejan recaer más peso en ti.

  • Si les explicas qué hay que hacer y la secuencia a seguir antes de empezar, funciona mucho más fluido.

  • Hay que calmar las ansias de ir a por el carro de la comida.

miércoles, 16 de octubre de 2024

UNA HERMANA Y UNA NIÑA DE CUATRO AÑOS


Entren y lean esta fascinante historia sobre un reajuste emocional.



Este es el caso de una niña que con la llegada de su hermana pequeña se siente olvidada. Da igual si es el momento de la llegada, de la asamblea, de los juegos por equipos, del primer recreo, de la fruta, del juego libre por zonas, del segundo recreo o de la comida. No importa, porque ella se siente aislada. Desde fuera podemos intuir que esta pequeña tiene celos de su hermana o que la situación familiar ha cambiado tanto que le está costando adaptarse a esta nueva situación. 


Según el experto, Monzó E. (2017), la presencia de conductas celosas de forma ocasional y transitoria no llega a suponer un problema familiar; además, explica la existencia de una relación significativa entre la conducta de celos infantiles con la percepción de una baja disciplina y mayor índice de síntomas emocionales, como: ser/tener hermanos.


Y es que, hay que tener en cuenta lo siguiente; estamos hablando de que el primer círculo socializador, el cual anteriormente giraba solo alrededor de ella, pasa a centrarse en otra persona que por el momento es más dependiente que esta niña. Por lo mismo, el nivel de desplazamiento puede que sea real, aunque tienda a magnificarlo, y es una verdad que existe un cambio demasiado grande en la rutina de esta familia. En definitiva, podemos pensar que es un proceso normal y que ocurre mucho, pero, deberíamos dejar de lado esta creencia de que “tarde o temprano se acostumbrará” y comenzar a plantearnos cómo lidiar con la situación y quizás “echarle una mano” que aligere y sea comprensiva; que le ayude en la transición y adaptación que vive a nivel familiar y personal.


Monzó, E. 2017. Análisis de factores predisponentes en los celos infantiles. Universidad Católica de Valencia. https://doi.org.158895 


martes, 15 de octubre de 2024

DOS NIÑAS Y UN CONFLICTO

       Entren y lean esta fascinante historia sobre un cambio de parecer.



Empezábamos con las propuestas, siguiendo la rutina de todos los días (algo parecido a los rincones). Se trata de permanecer durante diez minutos con tu grupo y propuesta asignada del día. Luego de esto, si se quiere, pueden moverse por las demás propuestas e interactuar con cualquier compañero. Los niños siempre están deseosos de que pase este tiempo y poder jugar con sus amigos. Y este día no iba a ser diferente.


       Se disponía una de las niñas hacia la propuesta de “construcción en el porche” para encontrarse allí con su amiga. He de decir que tienen una relación de “amor-odio”, que las tiene enfrentadas muchas de las veces.


Al llegar las dos se volvieron inseparables, solo buscaban jugar juntas, pero llegó la tormenta. Desde dentro de la clase se escuchó un gruñido muy exagerado, acompañados por unos gritos propios de un castrati. Acudí entonces a la zona del porche, curiosa por saber que había despertado tanta rabia y dolor.

    Una vez allí, una de ellas no paraba de llorar intentando explicarse. Tuvimos que recurrir a unas pocas respiraciones para calmar ese llanto que no me permitía entenderla. Unos segundos después volvió a intentarlo y esta vez, con éxito. Demandaba que su amiga le pidiese perdón por no querer ser su amiga más y que le devolviese un juguete que anteriormente estaban compartiendo en la dinámica del juego. Al ver que la otra parte afectada no estaba muy por la labor de explicar su versión, no me quedó más remedio que intervenir.


Tras muchas idas y venidas, preguntándoles cómo se sentían, qué habían hecho y cómo podíamos solucionarlo, estas dos pequeñas llegaron a un acuerdo que salvó de nuevo su relación. 


Fue tan impresionante el avance que me quedo con que es más efectivo promover la reflexión que descifrar la situación y proponer soluciones. Y es que, según García et al (2009), “el niño es capaz de hacer uso de sus habilidades metacognitivas en el empeño por resolver dichos problemas. Se ha llegado a establecer que el desarrollo y consolidación de la metacognición influye de manera directa en la habilidad del niño para resolver problemas”.




García, A., Enseñat, A., Tirapu, J., & Roig, T. (2009). Maduración de la corteza prefrontal y desarrollo de las funciones ejecutivas durante los primeros cinco años de vida. Neurología, 48(8), 435-440.

https://pesquisa.bvsalud.org/portal/ resource/pt/ibc-128090  



lunes, 14 de octubre de 2024

VEINTICINCO NIÑOS Y CINCO GRUPOS

            Entren y lean esta fascinante historia sobre unos grupos (des)equilibrados.



Estaba finalizando la asamblea y con ella se introdujeron los nuevos reajustes en los grupos de clase. Este año, la maestra no conoce a los niños de su grupo y, por tanto, se han estado tanteando varias formaciones diferentes.


Los principales criterios que se han tenido en cuenta son:

  • La fecha de nacimiento, es decir, que ocurra una mezcla de edades (teniendo en mente los meses de diferencia).

  • La mezcla de géneros y sexos.

  • Que las personas más activas estén repartidas entre los grupos, creando un balance con los más tranquilos.

  • En la medida de lo posible mantener un anclaje, siempre y cuando este no intervenga de manera negativa más que positiva.


Asimismo, se han seguido estos parámetros y se han reformulado los grupos, sin cambiar el número, o sea, cinco grupos con cinco integrantes cada uno, pero sí que se han intercambiado los niños. 


Después de probar durante un día, podemos decir que ha carecido de éxito, ya que la clase se ha visto mucho más revolucionada y desatenta a la rutina y las normas, aunque sí había un grupo que funcionaba muy bien, los demás parecían bastante desequilibrados. 


No obstante, y, aunque la intención y los “criterios” estaban bien intencionados, se han vuelto a reformular los grupos. ¡Ya les contaré cómo ha ido!


Para concluir esta anécdota, he de mencionar que me parece de lo más importante dedicarle tiempo a este proceso y hacer cambios si es necesario, ya que de esto depende el buen funcionamiento de la clase y el bienestar, muchas veces, de los infantes que la componen.



UNA ACTIVIDAD Y UNOS NIÑOS SIN OBJETIVOS

     Esta experiencia tuvo lugar en el aula del segundo año del segundo ciclo de Educación Infantil, alrededor de las 12:30, durante una act...