lunes, 28 de octubre de 2024

UNOS BLOQUES DE MADERA Y UNA NIÑA

 


Entren y lean esta fascinante historia sobre mantener la paciencia.



Comenzaba el segundo recreo y la maestra decide quedarse dentro de la clase terminando unas tareas y yo soy enviada al patio, gestionando así los dos lugares.


Pasados diez minutos se encontraban en el porche dos niñas y un niño de la clase de 4 años jugando con los bloques de madera a las construcciones. El niño había comenzado a hacer su construcción desde que salió de la clase y para este momento, llevaba una torre considerablemente alta e inestable, sin embargo, ninguna de las maestras o practicantes que nos encontrábamos por allí se fijó en el potencial peligro y, posteriormente, daño que podía causar.


De repente, oí mi nombre a lo lejos. Me acerqué al aula y una de las maestras me explicó que una de las niñas se había hecho una brecha en la cabeza y que a su compañera le había salpicado un poco de sangre. 


Cuando me quise dar cuenta me encontré limpiando un rastro de sangre que había dentro del aula, cambiándole la camiseta a la compañera y contestando una ristra de preguntas por parte de los niños, los cuales se habían quedado impresionados con la situación. 


Esta puede parecer una anécdota sin más, no obstante, creo que es conveniente mencionarla ya que de ella derivan varias reflexiones y aprendizajes, por ejemplo:

  • La mejor baza de las maestras es la actuación. No es cuestión de forzar comportamiento, sino de enmascarar ciertas acciones y comentarios que creemos que no son útiles alrededor de los niños: gritar, correr o entrar en pánico.

  • ¡Qué no cunda el pánico! Es decir, responder a todas las preguntas, intentando ser claros y no evasivos. Al fin y al cabo, dar explicaciones, suele calmar las ansias de saber.


jueves, 24 de octubre de 2024

UNA NIÑA Y LA SOLEDAD

 



Entren y lean esta fascinante historia sobre la necesidad de estar solos.



Era la hora de dividirnos por propuestas y a los cinco minutos del comienzo se podía escuchar un llanto entrecortado y unos gritos de ópera. Enseguida, la maestra fue hacía el lugar de donde provenían dichos sonidos.


Entre un marullo de niños estaban dos niñas de cuatro años con aparentes heridas emocionales y una de ellas con un daño físico que sospechamos que apareció por un golpe con un bloque de madera para construcción.


Entonces, la maestra intervino y tras preguntar, con mucha calma, que estaba ocurriendo, varios niños fueron a testificar, sin embargo, una de las partes realmente involucrada no quería hablar y mucho menos explicar la situación. Aunque al comienzo hubo un pequeño atisbo de comunicación no verbal, esta desistió.


La decisión de la mediante fue clara, le explicó a los demás que la compañera necesitaba estar sola, reflexionar y que, posiblemente, en algún momento retomarían la cuestión. Asimismo, se aseguró de que la lesión no necesitase asistencia urgente y pidió a los alumnos la reubicación de zona para dejarle el espacio que necesitaba.


Y no se preocupen, que todo salió bien. Más tarde se habló con las implicadas y el asunto quedó tratado. 

      


     

Es importante, como maestras y mediadoras que debemos ser, tener en cuenta que, posiblemente, después de ciertas disputas los niños son bastante propensos al aislamiento social y momentáneo (muy momentáneo) para procesar o pensar. De la misma manera, esta figura no tiene porqué presionar o intervenir si no es estrictamente necesario.



    Y es que darse permiso para la conexión y aceptación interna de las emociones puede generar un aumento de auto-conciencia sobre sus necesidades. Además de influir en la capacidad de autorregulación emocional. (Pascual, 2022, p.37)



Pascual, C. 2022. Transitar la soledad: desde dentro hacia afuera, integrando el mundo interno para sentir cómodo el externo. Universidad Pontificia Comillas. 

https://repositorio.comillas.edu

miércoles, 23 de octubre de 2024

UN CUENTO, VEINTICUATRO NIÑOS Y UNA MAESTRA

 


Entren y lean esta fascinante historia sobre la diferencia entre castigo y consecuencia.



Nos situamos en el momento de la asamblea, está el grupo de veinticuatro niños de entre tres y cuatro años ubicándose en el espacio y la maestra sentada en una de las sillas con un cuento en la mano. Segundos después, la maestra pide silencio y yo me recoloco entre varios niños que no siguen la dinámica, es decir, no guardan silencio, tampoco prestan atención y se mueven constantemente.


Pasan dos o tres minutos y no se consigue ningún cambio en la conducta de la clase. Parece ser que en el día de hoy el grupo está bastante más activo y se han formado varios corrillos que alzan la voz y deciden interactuar entre ellos, propiciando que los que sí están interesados en empezar la asamblea también pierdan las ganas.


La maestra intenta llamar la atención enseñando el libro, empezando a leerlo, moviéndose por el espacio, sentándose en el piso y dejando la silla de lado, e incluso, pidiendo a ciertos niños que se sentasen con o al lado de ella o de mí. Pero ninguna de estas estrategias tuvo éxito.


Durante estos estresantes minutos, la maestra nunca perdió la calma, tratando de hacerles entender que esos comportamientos molestaban a los demás, aunque no atendieran a sus peticiones. Finalmente, decidió no leer el libro. Cuando comentó esto muchos se sorprendieron y pidieron que lo leyese. Sin embargo, no cedió en su decisión porque fue tomada pensando en una consecuencia y como un aprendizaje, no como un castigo.



martes, 22 de octubre de 2024

UNA NIÑA Y UN JUGUETE

 



Entren y lean esta fascinante historia sobre juguetes en las aulas.


Era un martes a la hora del recreo, cuando nos dimos cuenta que una niña de nuestra clase estaba paseándose por el patio con una gran varita “mágica”. Fuimos directamente a la carga y se le preguntó si recordaba las reglas o normas de la junta del colegio. Ella, conocedora de esta situación y sabiendo que estaba incumpliendo las normas y además, una importante, no dijo ni una palabra, esperando ser absuelta inmediatamente.


Hay que decir que la culpa no es totalmente de ella, sino una cuestión familiar puesto que estas están al tanto de las mismas y se les recuerda sin problema cada vez que ocurre. 


Sin embargo el tema tuvo fácil solución, la maestra, a sabiendas de que esta niña no iba a responder bien ante este estímulo, le pidió la varita de forma firme, casi quitándosela de las manos (para después guardarla en un lugar poco accesible y devolvérsela a la familia) y le explicó los motivos por los que no traemos juguetes personales a la escuela.


Y es que, según Barrera et al (2015);


existe el riesgo de que los juguetes y los juegos puedan presentar peligros ocultos que generan efectos negativos en la personalidad del niño o niña, formándose psicopatologías severas, en relación con comportamientos agresivos, sentimientos de ineficiencia, inseguridad, baja autoestima y sobre todo, de una estresante convivencia. (p. 379)


En definitiva, podemos decir que traer un juguete personal al aula es más dañino que beneficioso. Entre las justificaciones anteriores deberíamos añadir que muchas veces se crea una situación de poder jerárquica, donde el poseedor del juguete se lleva toda la atención, creando una manipulación y desigualdad entre iguales que hace sentir mal a la mayoría de los compañeros. Asimismo, muchas veces los juguetes que traen consigo incitan a la separación de roles de género, perpetuando contextos que no respetan la realidad de las muchas familias que conforman este sistema.


Barrera, L. et al. 2015. Impacto de los juguetes en los procesos formativos de los niños y niñas. Paradojas. Plumilla Educativa, 15(1), 369-393.

https://doi.org/10.30554/plumillaedu.15.849.2015 


lunes, 21 de octubre de 2024

UN NIÑO Y UN ESTADO DE ÁNIMO BAJO


Entren y lean esta fascinante historia sobre un niño con sueño.



Era la hora del recreo y mientras yo observaba a todos los niños posibles, un niño en concreto me observaba a mi. Más concretamente, observaba el banco donde yo estaba sentada y en el cual él se quería acostar. 


Cuando me quise dar cuenta, ya se estaba dirigiendo hacia mi persona, dispuesto a contarme que “hoy estaba muy cansado”. 


Este infante de, todavía, tres años y diez meses, se acercó y con mucho ímpetu se tumbó sobre mi pecho y, a modo de relajación, subía su mano hacía mi oreja y no paraba de tocarme el lóbulo. Era muy evidente que necesitaba un descanso y estaba buscando una zona de confort para hacerlo.



Dio la casualidad de que formaba parte del equipo del día y dentro de exactamente, cinco minutos tenía que ir a por la fruta. Con mucho tacto, se le preguntó si podía hacer el esfuerzo y levantarse e ir a la cocina para traer los platos y el cuchillo, pero su negación fue rotunda. Entonces intervino la maestra para aclararle lo siguiente:


“Si ahora no te encuentras con fuerzas, puedes descansar un ratito aquí o en el colchón del aula. Después, puedes volver a salir al patio y llevarte la fruta ya pelada y cortada para la clase.”


Y allí nos quedamos los dos, sumergidos en una vorágine de sueño que nos atrapó hasta que pudimos comer y recuperar un poco la fuerza, mientras tanto la maestra se encargaba de la comida de media mañana.


Esta anécdota nos recuerda la necesidad de respetar el cansancio mental y corporal de cada niño, atender a sus necesidad, pero sin olvidarnos de responsabilizarle por sus acciones.




jueves, 17 de octubre de 2024

CINCO NIÑOS, CINCO MANTELES Y VEINTICINCO PLATOS Y SERVILLETAS


Entren y lean esta fascinante historia sobre las primeras veces poniendo la mesa.



   Hoy,  la maestra me ha propuesto que me encargue de “el momento de poner las mesas”. ¿Esto qué significa? Pues que veinte minutos antes de la hora del almuerzo, el grupo del día es guiado para poner los manteles, las servilletas y los platos y para ir a buscar el carro de la comida. Se les invita a estos cinco niños a dejar el recreo antes que los demás, que adquieran responsabilidades que afectan tanto a su persona como a su alrededor y a colaborar con sus compañeros y maestra en las áreas propias de este contexto y, que pueden ser extrapoladas al familiar. 


Además, estas actividades tienen un significado importante para ellos: trabajar la cotidianeidad, la rutina, las responsabilidades y el altruismo. Asimismo, si nos ponemos exquisitos, podemos mencionar también, cómo se desarrolla la psicomotricidad fina, el espacio y la lógica-matemática. Para colmo, todos quieren participar, es muy bienvenida por el grupo y crea un ambiente de ayuda y orden bastante satisfactorio. (Sí, estamos hablando en general, ya que los días y las actitudes varían mucho).

Es extremadamente interesante ver cómo funcionan los diferentes grupos durante esta situación. La posición de la “guía” o maestra es meramente indicadora y/o de ayuda, siempre que esta sea requerida. Así, podemos observar cómo se desempeñan estas cinco personas y, basándome en mis (pocas) experiencias he de decir que:

  • Si no les das ninguna pauta, se dispersan (ya que esto es nuevo para ellos, también).

  • Si les ayudas “mucho”, dejan recaer más peso en ti.

  • Si les explicas qué hay que hacer y la secuencia a seguir antes de empezar, funciona mucho más fluido.

  • Hay que calmar las ansias de ir a por el carro de la comida.

miércoles, 16 de octubre de 2024

UNA HERMANA Y UNA NIÑA DE CUATRO AÑOS


Entren y lean esta fascinante historia sobre un reajuste emocional.



Este es el caso de una niña que con la llegada de su hermana pequeña se siente olvidada. Da igual si es el momento de la llegada, de la asamblea, de los juegos por equipos, del primer recreo, de la fruta, del juego libre por zonas, del segundo recreo o de la comida. No importa, porque ella se siente aislada. Desde fuera podemos intuir que esta pequeña tiene celos de su hermana o que la situación familiar ha cambiado tanto que le está costando adaptarse a esta nueva situación. 


Según el experto, Monzó E. (2017), la presencia de conductas celosas de forma ocasional y transitoria no llega a suponer un problema familiar; además, explica la existencia de una relación significativa entre la conducta de celos infantiles con la percepción de una baja disciplina y mayor índice de síntomas emocionales, como: ser/tener hermanos.


Y es que, hay que tener en cuenta lo siguiente; estamos hablando de que el primer círculo socializador, el cual anteriormente giraba solo alrededor de ella, pasa a centrarse en otra persona que por el momento es más dependiente que esta niña. Por lo mismo, el nivel de desplazamiento puede que sea real, aunque tienda a magnificarlo, y es una verdad que existe un cambio demasiado grande en la rutina de esta familia. En definitiva, podemos pensar que es un proceso normal y que ocurre mucho, pero, deberíamos dejar de lado esta creencia de que “tarde o temprano se acostumbrará” y comenzar a plantearnos cómo lidiar con la situación y quizás “echarle una mano” que aligere y sea comprensiva; que le ayude en la transición y adaptación que vive a nivel familiar y personal.


Monzó, E. 2017. Análisis de factores predisponentes en los celos infantiles. Universidad Católica de Valencia. https://doi.org.158895 


UNA ACTIVIDAD Y UNOS NIÑOS SIN OBJETIVOS

     Esta experiencia tuvo lugar en el aula del segundo año del segundo ciclo de Educación Infantil, alrededor de las 12:30, durante una act...