martes, 5 de noviembre de 2024

DOS NIÑAS, UNA RABIETA Y UNA PETICIÓN APETECIBLE


Entren y lean esta fascinante historia sobre unos recaditos distractores.



Nos encontrábamos al término del primer recreo, es decir, a cinco minutos de comer la fruta de media mañana y dos niñas de cuatro años pedían entrar al aula para ir al baño. 


La maestra y yo ya sospechábamos el porqué de esta petición y decidimos pasar el fechillo de la puerta que da al corredor y dejarles pasar al baño con supervisión. Así, entraron al aula y seguidamente al baño, esperé fuera y pasados unos minutos pregunté si habían terminado. Al no obtener respuesta abrí la puerta y ya no estaban en el baño, pero tenía una idea de a dónde habían ido.


Quité el fechillo y allí se encontraban, escondidas en el hueco de debajo de las escaleras, en el pasillo.


Al ser este un comportamiento recurrente en ellas, ya me imaginaba que me iba a costar lidiar con la situación, sin embargo, era otra oportunidad para aplicar la práctica. Así que decidí pedirles por favor que entrasen en la clase o salieran al patio. Esto no funcionó y les expliqué que necesitábamos entrar en el aula y lavarnos las manos para comer la fruta, pero tampoco funcionó. En ese instante comenzó a entrar el grupo y la maestra se percató de la situación, decidiendo intervenir.


Se agachó y se acercó físicamente y les pidió un favor: llevar las cáscaras de fruta y las escudillas de vuelta a la cocina. Las dos accedieron rápidamente y contentas de tener una pequeña responsabilidad con un nivel de adquisición muy asequible.

Lo sentí casi como un milagro. Les “curó” la conducta. Y es que, creo que el aprendizaje más importante que nos puede proporcionar esta anécdota es que hay mil maneras de tratar las situaciones, algunas no funcionan, otras hacen poco y algunas dan resultados maravillosos. Así que no te rindas porque en la práctica está la perfección.


lunes, 4 de noviembre de 2024

CUARENTA NIÑOS Y UNOS DIBUJOS ANIMADOS


Entren y lean esta fascinante historia sobre animaciones inadecuadas.



Corrían los últimos treinta minutos del segundo recreo y empezó a chispear. En ese momento las maestras pensaron que sería buena idea subir a las dos clases, la de cuatro y la de cinco años, a un aula con proyector para ver alguna producción audiovisual.


Aunque había algunos niños que se mostraban reticentes, la presión social pudo con ellos. Casi todos, contentos subimos al aula y nos sentamos en el piso expectantes por lo que saldría en esa “televisión” (como la llamaba un niño).


De pronto, algunos niños de la clase de cinco años recomendaron: “Los tres cerditos y el lobo” y uno de ellos especificó un video en concreto. Con la misma facilidad que este niño dio su propuesta, la maestra aceptó a la misma.


Pasaban los minutos y los dibujos se volvían cada vez más violentos; hablaban incluyendo despectivos y palabrotas, se mostraba una maldad deliberada mediante tonos pícaros y muchas situaciones de lucha física, dividiendo a los personajes en “buenos” y “malos”. Asimismo, algunos niños parecían no entenderlos y no gustarles, sobre todo a niños de la clase de cuatro años. Incluso, se podía diferenciar quienes se estaban riendo por una cuestión social y querer encajar en el grupo. Finalmente, después de la hora de comer una niña se quejó, exponiendo lo “malvado” que era el lobo y un niño expresó que sintió miedo.


En definitiva, esta experiencia nos aporta conocimientos muy interesantes. Para empezar, las visualizaciones que se hagan en la escuela deben ser revisadas con anterioridad o conocer su contenido, evitando así, este tipo de situaciones. Segundo, ¿por qué tenemos que tener en cuenta lo que provocan los contenidos? Esta cuestión es explicada con creces por Arriaga, 2017:


“los dibujos animados mantienen una marcada influencia de mensajes subliminales que dejan a los niños y niñas relacionados a la imitación de ciertos patrones a los que se exponen en  los  diferentes contenidos relacionados a la violencia, vista desde el hecho de la heroicidad hasta el  insulto como mecanismo de defensa, estos mensajes se ve reflejada en la falta de tolerancia entre los  niños”. (p.384)


Arriaga, M. (2017). Conductas agresivas de los niños por influencia de los dibujos animados violentos. Revista De Investigaciones, 6(4), 377-385. 

https://doi.org/10.26788/riepg.v6i4.129



miércoles, 30 de octubre de 2024

CINCO NIÑOS Y LA HORA DE COMER

 


Entren y lean esta fascinante historia sobre querer más responsabilidades.



Alrededor de las dos menos veinte, es decir quince minutos antes de lavarnos las manos y veinte antes de comer, he llamado al equipo del día para poner las mesas. Siempre cuesta que estos grupos formados por niños y niñas de tres y cuatro años dejen los juegos en los que están sumidos durante el recreo para entrar a hacer las tareas de la hora de comer. Sin embargo, una vez dentro todo fluye de otra manera. 


Empezamos a lavarnos las manos, cogen un mantel cada uno y nos ayudamos a colocarlos. Seguidamente, reparto un par de servilletas a cada uno y el objetivo es poner una en cada sitio. He de decir, que las servilletas tienen más éxito que los manteles. Después, nos dirigimos hacia la cocina a buscar el carro con la comida y la cubertería. Este es el paso, sin duda, más esperado para ellos.


Una vez de vuelta al aula, cada niño recibe los platos de cuatro en cuatro y los reparte de igual manera que las servilletas y por último, vienen las jarras, una por cada niño: debe llenarlas y ponerlas en el centro de la mesa. 


Hasta aquí son sus responsabilidades, no obstante, el grupo suele pedir poner los vasos y encargarse de los cubiertos, incluso, echar la comida.


       Es muy interesante el porqué de estas decisiones: por qué buscan más responsabilidades, por qué lo quieren hacer ellos, y simplemente, tenemos que recordar que estos niños están en busca de su autonomía, y que las responsabilidades y la autodeterminación son un medio que proporciona satisfacción en este sentido. Asimismo, no podemos olvidarnos de que también están adquiriendo las normas sociales y en este proceso las maestras tienen la oportunidad de crear límites, implementar un orden e insistir en cumplirlos.

martes, 29 de octubre de 2024

UNA RUTINA ROTA Y UNA ADAPTACIÓN FABULOSA

 



Entren y lean esta fascinante historia sobre una adaptación impredecible.



Hoy comenzamos la semana como cualquier otro lunes, a excepción de unos pequeños (grandes) cambios. 


Comenźabamos los treinta minutos de entrada y la maestra me comentó lo siguiente: decidió que esta semana nos centraremos en ayudar y favorecer la adaptación a las nuevas formaciones grupales que se introdujeron hace unos días. Para llevar esto a cabo, la rutina se ha modificado ligeramente. Durante estos días no habrá asamblea, a no ser que sea buscada por el grupo y además, tendrán más tiempo de recreo, sobre todo en el primer turno. Por último, ha insistido en ser más estrictas a la hora de mantener los grupos y las zonas de juego por, al menos, durante diez minutos.


Nos estábamos tomando el cambio “con pies de plomo”, ya que esperábamos cierta disconformidad por parte de los niños y cambios inesperados a raíz de esta decisión.


Para nuestra sorpresa, este lunes terminó siendo un día con un flujo de actividad y participación muy alta, así como una jornada donde la lección fue dirigida a nosotras, aprendiendo que si los cambios que introducimos son para la mejora, nunca están de más. Además, vemos crucial esta etapa “a caballo” entre la dinámica anterior y la que se pretende instaurar. Asimismo, podemos extrapolar la siguiente aclaración, a nuestra situación en el aula: “demasiadas reformas en serie anulan el objetivo perseguido, ya que no dan al sistema el tiempo necesario para impregnarse del nuevo espíritu y lograr que todos los agentes de la reforma estén en condiciones de participar en ella”. (Mufti et al, p. 23)


De esta manera, comprendemos que tanto los niños, como los adultos y los sistemas necesitan tiempo y “reformas” buscadas a largo plazo que culminen con la implicación de todas las partes para poder continuar con armonía.



Al Mufti, I. et al. Sin fecha. La educación encierra un tesoro. Santillana, Ediciones UNESCO. 

file:///C:/Users/user/Downloads/DELORS_S.PDF


lunes, 28 de octubre de 2024

UNOS BLOQUES DE MADERA Y UNA NIÑA

 


Entren y lean esta fascinante historia sobre mantener la paciencia.



Comenzaba el segundo recreo y la maestra decide quedarse dentro de la clase terminando unas tareas y yo soy enviada al patio, gestionando así los dos lugares.


Pasados diez minutos se encontraban en el porche dos niñas y un niño de la clase de 4 años jugando con los bloques de madera a las construcciones. El niño había comenzado a hacer su construcción desde que salió de la clase y para este momento, llevaba una torre considerablemente alta e inestable, sin embargo, ninguna de las maestras o practicantes que nos encontrábamos por allí se fijó en el potencial peligro y, posteriormente, daño que podía causar.


De repente, oí mi nombre a lo lejos. Me acerqué al aula y una de las maestras me explicó que una de las niñas se había hecho una brecha en la cabeza y que a su compañera le había salpicado un poco de sangre. 


Cuando me quise dar cuenta me encontré limpiando un rastro de sangre que había dentro del aula, cambiándole la camiseta a la compañera y contestando una ristra de preguntas por parte de los niños, los cuales se habían quedado impresionados con la situación. 


Esta puede parecer una anécdota sin más, no obstante, creo que es conveniente mencionarla ya que de ella derivan varias reflexiones y aprendizajes, por ejemplo:

  • La mejor baza de las maestras es la actuación. No es cuestión de forzar comportamiento, sino de enmascarar ciertas acciones y comentarios que creemos que no son útiles alrededor de los niños: gritar, correr o entrar en pánico.

  • ¡Qué no cunda el pánico! Es decir, responder a todas las preguntas, intentando ser claros y no evasivos. Al fin y al cabo, dar explicaciones, suele calmar las ansias de saber.


jueves, 24 de octubre de 2024

UNA NIÑA Y LA SOLEDAD

 



Entren y lean esta fascinante historia sobre la necesidad de estar solos.



Era la hora de dividirnos por propuestas y a los cinco minutos del comienzo se podía escuchar un llanto entrecortado y unos gritos de ópera. Enseguida, la maestra fue hacía el lugar de donde provenían dichos sonidos.


Entre un marullo de niños estaban dos niñas de cuatro años con aparentes heridas emocionales y una de ellas con un daño físico que sospechamos que apareció por un golpe con un bloque de madera para construcción.


Entonces, la maestra intervino y tras preguntar, con mucha calma, que estaba ocurriendo, varios niños fueron a testificar, sin embargo, una de las partes realmente involucrada no quería hablar y mucho menos explicar la situación. Aunque al comienzo hubo un pequeño atisbo de comunicación no verbal, esta desistió.


La decisión de la mediante fue clara, le explicó a los demás que la compañera necesitaba estar sola, reflexionar y que, posiblemente, en algún momento retomarían la cuestión. Asimismo, se aseguró de que la lesión no necesitase asistencia urgente y pidió a los alumnos la reubicación de zona para dejarle el espacio que necesitaba.


Y no se preocupen, que todo salió bien. Más tarde se habló con las implicadas y el asunto quedó tratado. 

      


     

Es importante, como maestras y mediadoras que debemos ser, tener en cuenta que, posiblemente, después de ciertas disputas los niños son bastante propensos al aislamiento social y momentáneo (muy momentáneo) para procesar o pensar. De la misma manera, esta figura no tiene porqué presionar o intervenir si no es estrictamente necesario.



    Y es que darse permiso para la conexión y aceptación interna de las emociones puede generar un aumento de auto-conciencia sobre sus necesidades. Además de influir en la capacidad de autorregulación emocional. (Pascual, 2022, p.37)



Pascual, C. 2022. Transitar la soledad: desde dentro hacia afuera, integrando el mundo interno para sentir cómodo el externo. Universidad Pontificia Comillas. 

https://repositorio.comillas.edu

miércoles, 23 de octubre de 2024

UN CUENTO, VEINTICUATRO NIÑOS Y UNA MAESTRA

 


Entren y lean esta fascinante historia sobre la diferencia entre castigo y consecuencia.



Nos situamos en el momento de la asamblea, está el grupo de veinticuatro niños de entre tres y cuatro años ubicándose en el espacio y la maestra sentada en una de las sillas con un cuento en la mano. Segundos después, la maestra pide silencio y yo me recoloco entre varios niños que no siguen la dinámica, es decir, no guardan silencio, tampoco prestan atención y se mueven constantemente.


Pasan dos o tres minutos y no se consigue ningún cambio en la conducta de la clase. Parece ser que en el día de hoy el grupo está bastante más activo y se han formado varios corrillos que alzan la voz y deciden interactuar entre ellos, propiciando que los que sí están interesados en empezar la asamblea también pierdan las ganas.


La maestra intenta llamar la atención enseñando el libro, empezando a leerlo, moviéndose por el espacio, sentándose en el piso y dejando la silla de lado, e incluso, pidiendo a ciertos niños que se sentasen con o al lado de ella o de mí. Pero ninguna de estas estrategias tuvo éxito.


Durante estos estresantes minutos, la maestra nunca perdió la calma, tratando de hacerles entender que esos comportamientos molestaban a los demás, aunque no atendieran a sus peticiones. Finalmente, decidió no leer el libro. Cuando comentó esto muchos se sorprendieron y pidieron que lo leyese. Sin embargo, no cedió en su decisión porque fue tomada pensando en una consecuencia y como un aprendizaje, no como un castigo.



UNA ACTIVIDAD Y UNOS NIÑOS SIN OBJETIVOS

     Esta experiencia tuvo lugar en el aula del segundo año del segundo ciclo de Educación Infantil, alrededor de las 12:30, durante una act...